Las nuevas masculinidades eclesiásticas



Parece que se ha puesto de moda en el seno de la Iglesia llenar los seminarios de candidatos faltos de testosterona. 

Luego nos escandalizaremos si saltan noticias como el cura Toledano hallado con un alijo de cierta sustancia rosa. Decía un amigo que la Iglesia no condena. Pues bien, una cosa no condenar y otra bien distinta alentar el pecado y la vida licenciosa. 

No me extraña que luego la Conferencia Episcopal se doblegue ante cualquier chantaje del gobierno. Entre la dependencia de las subvenciones y los escándalos sexuales no les queda fuerza para poner resistencia. 

La pregunta que yo me hago es que podemos hacer los laicos. ¿ Callamos, miramos para otro lado, para vivir " la caridad"? No amigos. La hora de callar se acabó. Toca hablar, con fuerza, con vehemencia. Dar un golpe encima de la mesa. Nos jugamos mucho. 

Pidamos que vuelva lo masculino, cuanto antes, a los centros de formación. Se hombre, Esto Vir! Y si no, ya sabes, ahí está la puerta.


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